Sobre el aborto

 

Cuando la vida comienza

Bikkhu Sujato

 

La santidad de la vida es el corazón de nuestra conciencia moral. Pero ‘la vida’  tiene bordes difusos. No es asunto fácil el definir con precisión dónde la vida, en el sentido moral más que en el biológico, comienza y termina. Para el Budismo ésta difuminación es normal, ya que nosotros estamos acostumbrados a ver el mundo en términos de procesos interrelacionados más que como entidades independientes. Sin embargo, nuestra necesidad de claridad en la decisión sobre preguntas morales delicadas no es menor. En este ensayo analizaré algunos temas del debate sobre el inicio de la vida y la ética del aborto. Sugeriré que una aproximación budista nos provee de instrumentos útiles que nos alejan del extremismo moral y se centran en una respuesta compasiva a los problemas reales. En aras de la brevedad, limitaré mi discusión a la ética del aborto. Sin embargo, debemos reconocer que muchos otros procedimientos, como la fertilización in-vitro, la clonación, la ingeniería genética y la tecnología con células madre, también implican la destrucción de embriones.

La discusión ética del aborto ha estado generalmente, creo,  dominada por dos posiciones extremistas. Éstas son identificadas por los eslógans de ‘la vida’ y ‘la elección’. En el pensamiento budista estas son llamadas ‘eternalismo’ y ‘aniquilacionismo’. La palabra ‘eternalismo’ se refiere a la creencia de que la individualidad(1) existe eternamente. El término ‘aniquilacionismo’ se refiere a la creencia de que la individualidad perecerá, usualmente al momento de morir. En este ensayo me enfocaré en algunas corrientes de pensamiento influyentes en el cristianismo y en el materialismo científico, como destacados ejemplos contemporáneos de estos dos extremos.

 

El alma eterna y la santidad de la vida

Los cristianos(2) típicamente creen que cada humano posee un ‘alma’. Esta es una entidad espiritual, una chispa de Dios, la cual distingue a los humanos de todos los otros seres, y concede a los humanos un valor ético único. Es porque los humanos poseen un alma que la muerte deliberada de un ser humano, usualmente llamada “asesinato”, es un crimen terrible. Esta alma entra en el embrión en el momento de la concepción. A partir de ese momento, el embrión es en el sentido moral un ser humano de pleno derecho, mereciendo la misma consideración moral que usted y yo. Matar a tal ser es asesinar.

Etiquetando al aborto como ‘asesinato’ es una estrategia sumamente emotiva, y ha conducido a escenas desagradables en donde las mujeres que deseaban abortar han sido acosadas y atacadas. El uso de la etiqueta se deriva desde la definición simple de ‘asesinato’ como ‘la muerte intencional de un ser humano’. Si un embrión es un ser humano, entonces matarlo debe ser asesinato. No obstante, el concepto de ‘asesinato’ no es tan reducido y seco. Existen muchos casos de ‘asesinato intencional de un ser humano' a los que no llamamos ‘asesinato’. Cuando un soldado mata a otro en tiempos de guerra, sólo lo llamamos ‘matar’, no asesinar. Cuando un Estado mata a un criminal, lo llamamos ‘ejecución’. Cuando una persona se mata a sí misma lo llamamos ‘suicidio’. Por tanto, el etiquetar al aborto como ‘asesinato’ es absolutista y simplista. Ello hace surgir la pregunta de si el aborto es el asesinato intencional de un ser humano en el sentido relevante. La afirmación de que el aborto es asesinato descansa en una teoría metafísica, y como tal es inherentemente indemostrable. La aceptación de esta teoría es dependiente de la fe en dogmas revelados como se definen dentro de una comunidad religiosa en particular, y no tiene relevancia fuera de esa comunidad.

 

El surgimiento de la Consciencia

Como todos sabemos, los años recientes han visto a la mayoría de las sociedades avanzar rápidamente fuera de puntos de vista eternalistas como el Cristianismo, hacia la perspectiva del materialismo científico. Esto se ha vuelto la nueva ortodoxia. Mientras los eternalistas derivan nuestro valor moral a partir de la posesión de un alma, los materialistas típicamente relacionan el valor moral con la consciencia. Merecemos consideración ética porque somos seres conscientes. Así que la pregunta entonces se torna en, ¿cuándo surge la consciencia?

Los materialistas creen que la sustancia primordial que conforma el mundo es la materia. En las condiciones adecuadas, la materia puede evolucionar hacia organismos complejos a los que llamamos ‘vida’. A un cierto nivel de complejidad la consciencia emerge. La consciencia es de este modo considerada como un epifenómeno de la materia. Muchos materialistas creen que esta consciencia surge en el embrión en el tercer o cuarto mes de embarazo. Como nuestro valor moral deriva de esta consciencia, se cree que durante los tres primeros meses el embrión es simplemente un pedazo de carne que no merece una consideración moral.

Este proceso puede ser comparado con la imágen en la pantalla de un televisor. Las partes individuales del aparato de televisión no contienen ni siquiera alguna parte la imágen. Por el contrario, la imágen aparece en el total cuando las partes del aparato están puestas todas juntas. Esto es una metáfora convincente, pero equivocada. En el caso de un aparato de televisión, las partes se fabrican por separado y entonces luego se juntan. Pero en el caso de un ser vivo nuestras diferentes partes se desplegan a partir de la información genética contenida en el ADN. Cada célula incluye toda la información genética para el cuerpo. Entonces parecería más natural hablar de un despliegue gradual del potencial inherente de la consciencia. Además, en el caso de un aparato de televisión la causalidad es de una sola dirección. El televisor es causa de la imágen pero la imágen no es la causa del televisor. De nuevo la analogía falla, puesto que en todos los estados ordinarios de consciencia el cuerpo y la mente coexisten en una compleja relación bidireccional. La eficacia de la analogía se apoya en la asunción subyacente de que existe una causalidad lineal, de un solo sentido, desde el cerebro hacia la mente. Pero esa misma es la cuestión que estamos preguntando.

Cuando preguntamos por qué los materialistas creen que la consciencia es una propiedad emergente de la materia, podemos ver que esta conclusión se sigue de las asunciones de la  propia metodología científica. Los científicos generalmente sólo aceptan las evidencias si pueden ser ‘objetivamente’ demostradas y comprobadas. Pero aquí no puede haber tal cosa como una prueba ‘objetiva’, ya que la aceptación o el rechazo de una prueba están siendo actos mentales, y los sucesos mentales son necesariamente subjetivos(3). En la práctica, establecemos un ‘consenso intersubjetivo’; es decir, cuando existe suficiente evidencia observable a través de los cinco sentidos para convencer a una determinada comunidad científica. El método científico es por tanto incapaz, en el momento actual, de investigar directamente a la mente. Todo lo que puede hacer es examinar externamente los fenómenos observables, tales como la conducta y la actividad cerebral, y entonces inferir correlaciones con el reino de lo mental. Así que no es una sorpresa encontrar la teoría científica de que la consciencia también se inicia en el reino de lo físico para ver a la consciencia emergiendo a partir de ahí. Esta teoría está incorporada en las bases propias del método científico y por lo tanto no puede ser probada por ese mismo método. No se trata de una conclusión empíricamente comprobable, y por ello no es científica. Se trata de una especulación metafísica, una inferencia injustificada derivada de la asunción de que el método científico es el medio único y suficiente para descubrir la verdad.

 

Evitando los extremos

Estos dos paradigmas para aproximarse a la cuestión del estatus moral del embrión son extremos. Los eternalistas mantienen que el aborto es asesinato, el más odioso de los crímenes, mientras que los aniquilacionistas mantienen que no conlleva consecuencia moral alguna. Podemos ver que cada uno de los dos extremos ofrece un simple, claro marco de referencia, para entender la ética del aborto. Esta es la razón por la que permanecen como ideas poderosas y atractivas. También podemos ver que esas conclusiones son contra-intuitivas. Muchos de nosotros consideramos que un embrión se merece alguna consideración moral, aunque vacilamos al comparar el aborto con el asesinato. Este es un ejemplo de cómo las posiciones filosóficas absolutistas generan extremismo moral. En la práctica, típicamente nos conformamos con un complicado compromiso entre ambas. Esto no es un verdadero ‘camino medio’ sino un recurso político movido por la necesidad social. Desafortunadamente, el debate es normalmente llevado hacia el plano de las convicciones morales y de la evidencia científica sin dirigirnos hacia las asunciones metafísicas subyacentes. Demasiado a menudo nos mostramos reacios a someter nuestras más preciadas y profundas creencias, sean religiosas o científicas, a una investigación exhaustiva.

¿Qué puede ofrecernos el Budismo en este sentido? Puesto que el Budismo es una religión histórica, deberíamos comenzar por preguntarnos que tienen que decir los registros tempranos de las enseñanzas del Buda. Esta es una manera de fundamentar nuestra discusión en estratos más profundos de nuestra conciencia moral, no permitiéndonos a nosotros mismo ser arrastrados por las mareas de la opinión contemporánea. Desde luego, tenemos que estar dispuestos a someter el entendimiento tradicional al escrutinio y la luz de las modernas evidencias.

El Canon Pali(4) contiene varios pasajes que tratan con el proceso de concepción en la matriz y el advenimiento de la consciencia. El Maha Tanhasankhaya Sutta establece que la concepción es dependiente de la llegada conjunta de tres cosas: la madre y el padre juntos, que la madre sea fértil, y que el ser a renacer esté listo. El término “llegada conjunta” significa "mismo lugar, mismo momento". Así, este pasaje implica que la consciencia aparece en el tiempo de la concepción. El Maha Nidana Sutta es aún más claro. Establece que si la consciencia no entra en el vientre de la madre, la mentalidad y la forma física no pueden ‘coagular’ dentro de la matriz. En otro pasaje, se dice que la concepción depende de los ‘seis elementos’, incluyendo a la consciencia. Todas estas afirmaciones ocurren en discusiones sobre la doctrina clave del surgimiento dependiente, y así tienen una gran autoridad. En el Vinaya monástico(5) también la aparición del embrión se equipara con el surgimiento de ‘la primera mente, la primera consciencia’ en el vientre de la madre. Así, todos estos contextos tratan a la concepción como envolviendo una combinación de  factores físicos y mentales, con los factores mentales en primer lugar. Esto desde luego refleja la filosofía básica del Budismo de que la mente es la precursora de todas las cosas.

Así los textos establecen que la consciencia está presente desde el inicio de la vida. Un ser que es consciente puede sentir dolor, y, por lo tanto merece consideración moral. No hace falta decir sin embargo, que la capacidad de un embrión recién concebido para sentir dolor es muy rudimentaria, tal vez comparable a la de alguien en un coma profundo o bajo una anestesia profunda. De acuerdo al budismo éstos son estados de consciencia, pero demasiado oscurecidos  para ser tenidos en cuenta cuando los comparamos con el esplendor de la consciencia despierta. Los textos hablan frecuentemente de “crecimiento, incremento y maduración” de la consciencia del recién renacido. De acuerdo a los hallazgos de la ciencia, los textos hablan del desarrollo gradual de las facultades sensoriales del embrión. Pero a diferencia de los científicos, no asumen que la consciencia no aparezca hasta que los sentidos se desarrollan. Así, mientras el embrión ciertamente merece consideración moral, su limitada capacidad para sentir dolor significa que matar a un embrión es algo insuficiente para llamarlo ‘asesinato’.

Hay un claro apoyo a esta posición en el Vinaya. Éste establece que un monje o una monja nunca deberán, durante toda su vida, matar intencionalmente a un ser humano, ‘incluso hasta el punto de causar un aborto’. Similarmente, no deben tener intercambio sexual ‘aún a la profundidad de una semilla de sésamo’. No deben robar ‘ni siquiera tanto como una brizna de hierba’. No deben reivindicar los logros espirituales ‘ni incluso para decir “me deleito en una morada vacía”’. Por lo tanto el aborto es claramente considerado como la muerte intencional de un ser humano, aunque es el acto menos grave de este tipo.

Así los textos budistas relacionados con el aborto proporcionan un modelo clásico para un ‘camino medio’, el cual acepta algunas de las proposiciones de los puntos de vista extremos pero evitando al mismo tiempo sus conclusiones absolutistas y simplistas. Junto con los eternalistas creemos que un embrión, desde el momento de la concepción, está dotado de una propiedad no física que le otorga el derecho a una consideración moral. Sin embargo, no aceptamos que este principio sea una entidad espiritual, una chispa de la gloria de Dios; ni aceptamos que ésta supuesta ‘alma’ sea un único rasgo distintivo de humanidad. Nosotros creemos que es un flujo condicionado de consciencia, siempre cambiante y evolucionando al pasar de vida en vida. Junto con los aniquilacionistas creemos que el peso de la consideración moral debido a un embrión no es estático, sino que aumenta gradualmente con el desarrollo de la mente del embrión hacia la consciencia completa. Sin embargo, no aceptamos que pueda estar demostrado que el inicio de la consciencia tiene lugar sólo después de tres o cuatro meses. Esto es una fecha éticamente arbitraria, la cual simplemente marca los actuales límites del conocimiento científico pero no nos dice nada sobre el estatus moral del embrión.

 

¿Por qué creer en el renacimiento?

Es bastante en el lado textual y teórico. Estas consideraciones, desde luego, son sólo de relevancia directa para la comunidad budista. ¿Existe alguna forma empírica de comprobar estas ideas?. De acuerdo al Budismo existen dos medios –a través de la observación directa del proceso de renacimiento, y mediante el entendimiento por inferencia de la evolución condicionada de la consciencia en el tiempo. La observación directa es el poder psíquico de recolectar vidas pasadas, o sino de percibir en dónde renacen los seres. Parece que estas habilidades, de las cuales se dice que normalmente son fruto de la meditación profunda, pueden ocurrir en algunas personas de manera espontánea. Los niños menores de siete años parecen a menudo ser capaces de recoger detalles de su vida pasada y muerte. Obviamente estas habilidades no son generalmente aceptadas por la comunidad científica. Pero parecería no haber obstáculo teórico alguno para las pruebas científicas a tales afirmaciones. Por ejemplo, a un número diferente de personas que profesaran tales facultades se les podrían hacer preguntas, y las respuestas podrían ser confrontadas el uno con el otro. O bien los datos históricos podrían ser extraídos y confrontados con los registros conocidos. Ya han habido una serie de experimentos positivos en esas líneas, aunque no sé si tienen alguna relación directa con la cuestión sobre el inicio de la consciencia. En cualquier caso, si puede obtenerse información precisa y comprobable a través de tales poderes psíquicos, parece razonable concederles cierto grado de credibilidad.

De acuerdo al Budismo, la segunda manera de confirmar el renacimiento es mediante el entendimiento del origen condicionado de la consciencia. Repetidamente contemplamos el surgir y pasar de la consciencia en el momento presente. Vemos cómo los deseos egoístas dan lugar a la proliferación mental, y cómo el dejarlos ir conduce a la paz. Extendemos este principio al pasado y al futuro, e inferimos que nuestra consciencia en esta vida surgió debido a nuestro aferramiento en el pasado, y que mientras no los dejemos ir completamente, continuaremos generando consciencia en el futuro. Esta clase de entendimiento no dice nada sobre los detalles específicos de vidas pasadas, así que no puede ser comprobado por cualquier medio empírico simple. Pero podemos preguntarnos si el surgimiento dependiente ofrece un significativo y útil marco para tratar con los diferentes tipos de problemas psicológicos que enfrentamos hoy. Si la respuesta es que sí, entonces de nuevo debemos conceder a esta enseñanza cierto grado de credibilidad.

Para los budistas, sin embargo, tales pruebas permanecen como secundarias. La mayoría de los budistas creen en el renacimiento porque es un capítulo intrínseco en el tejido de su mundo. Aceptan la visión del mundo del Budismo porque creen que es beneficiosa para ellos mismos y su sociedad. Las enseñanzas forman un todo coherente y racional. Así que cuando ven las enseñanzas éticas más básicas confirmadas en sus propias vidas, están dispuestos a tomar los más abstractos postulados con confianza. No piensan más en las pruebas empíricas de tales principios que usted o que yo pensaríamos en probar empíricamente la Teoría de la Relatividad. Aceptamos la Teoría de la Relatividad –después de todo en la medida en que la entendamos - debido a nuestra fe en la ciencia. Estos días hay muchas personas en todo el mundo, budistas y no budistas, quienes creen en el renacimiento. Es posible que su número aumente a medida en que el budismo sea reconocido por ofrecer una manera significativa y satisfactoria de vivir y de morir.

 

La dimensión social

La preocupación principal de este ensayo ha sido investigar la base filosófica para una ética budista del aborto. Sin embargo, quizás pueda ser perdonado por aventurarme fuera de mi esfera de competencia tan lejos como para ofrecer algunos pensamientos teniendo en cuenta la dimensión social de ésta ética. Es aparente que en muchos países el aborto ha sido técnicamente ilegal aunque oficializado y generalizado de manera no oficial(6). Debemos entender que los budistas generalmente no aceptan que si algo está mal debe necesariamente ser declarado ilegal. Tales asuntos deben ser considerados en su contexto social. Hacer al aborto ilegal hace criminales a mujeres que a menudo han pasado por una experiencia traumática. Y deja el mercado con puertas abiertas a los médicos sin escrúpulos.

Sugeriría que una aproximación más humana haría legales al aborto y a otras tecnologías similares, pero supervisados muy de cerca. Debemos asegurarnos de que nosotros, y nuestros hijos e hijas, estamos provistos de toda la información, guía y apoyo que necesitemos para hacernos capaces de tomar tales decisiones sobre la vida y la muerte de manera responsable. A los niños se les debe dar una explícita y completa educación en la escuela sobre materias biológicas, sexuales, éticas, y religiosas que sean relevantes. Cuando una mujer busca tener un aborto, ella y el padre deben ser provistos con información detallada y asesoría personal antes de tomar una decisión final. Nuestra sociedad debe aceptar que abordar la cuestión sobre el aborto implica no sólo hacer juicios morales y la prestación de servicios médicos, sino también la educación en métodos anticonceptivos y en las relaciones responsables. Tenemos que ofrecerles a las mujeres una alternativa con sentido a través de un adecuado apoyo al niño y con servicios sociales.

Una implicación de la aproximación gradualista a esta cuestión es que la gravedad moral y las consecuencias kámmicas de llevar a cabo un aborto aumentarán cada día a medida que el embarazo continúe. Por lo tanto es imperativo que leamos, discutamos y pensemos sobre las materias antes de que un embarazo no deseado pueda ocurrir. Esto con suerte nos ayudará a actuar más responsablemente al considerar estos asuntos con una mente más clara, y para tomar una decisión más razonada y madura, sin retrasos indebidos.

Incluso aquellos que creen que el aborto no es más que un procedimiento quirúrgico deben reconocer que a nivel emocional el aborto es bastante diferente de otros procedimientos quirúrgicos. Muchas mujeres sienten que un niño ha llegado a ellas, que un ser especial ha escogido su cuerpo para convertirse en una nueva vida, y que ellas han empujado a ello. Si la madre decide tener un aborto, debería haber una estrecha supervisión y apoyo a su salud emocional tras la operación. Para ayudar a sanar cualquier herida emocional podemos alentar a la madre a pedir perdón por el ser que escogió ser su hijo, difundir el amor bondadoso, y llevar a cabo algunos actos positivos y sanadores de generosidad y ayuda a los demás.

Me gustaría mucho ver un estudio sobre los efectos del aborto en los paisajes emocionales de la mujer, y una comparación entre mujeres que decidieron tener un aborto y mujeres que tuvieron embarazos no deseados pero decidieron traer a un niño. ¿Cómo se sienten después? ¿Cinco años después? ¿Diez años después? ¿Cuántas madres dirían cuando su hijo hubiera crecido, que habrían deseado tener un aborto?

 

Viviendo la sabiduría, escogiendo la compasión

Así en este ensayo, he intentado esbozar un esquema de una aproximación budista al aborto. He examinado algunos de los argumentos prevalecientes y concluido que la polarización de posiciones entre ‘Vida’ y ‘Elección’ pueden remontarse a paradigmas filosóficamente incompatibles, tales como el punto de vista eternalista de los cristianos y el aniquilacionismo de los científicos materialistas. El Budismo ofrece un camino medio en el que atesora la santidad de la vida en el vientre de la madre desde el tiempo de la concepción, si bien reconoce un crecimiento gradual en la gravedad moral del acto de matar. En el lado práctico, hemos de emplear las virtudes parejas de compasión y sabiduría, proveyendo cuidado y apoyo a las madres y a los niños, y asegurar que los padres están provistos de la información y consejo que necesiten para realizar una decisión madura. Me gustaría terminar con un verso del Mangala Sutta:

 

Servir a la madre y al padre
Cuidar de la pareja y los hijos
Maneras de trabajar sin conflictos
Ésta es la más alta bendición.

 

 

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Notas de la traducción


(1) del inglés "self", a menudo traducido también por "yo". La palabra en lenguaje Pali es atman, y se refiere a mantener la común idea de que algo o alguien existe como una individualidad independiente, sea en uno mismo o en la entera realidad. Aquí también suele entrar por tanto la creencia en la existencia última de un alma o de un dios. Cuando éstos son considerados como últimos fundamentos de la realidad, la filosofía budista los observa como resortes que mantienen la idea de una individualidad visible o invisible, y por tanto se consideran un error y una ilusión. Del mismo modo, se hace imposible que pueda perecer lo que finalmente no existe de manera independiente, y así el aniquilacionismo se considera otro error. Ésta sutil posición es fundamento clave en la filosofía budista sobre la realidad.

(2) la postura más típica - y mayoritariamente oficial - en la iglesia católica y otras confesiones cristianas, es la de equiparar el aborto con el asesinato. Si bien hay que notar que el debate en el cristianismo en este asunto es histórico y encierra posturas distintas, algunas de ellas coincidentes con la del bhikkhu en una tesis gradualista (ver por ejemplo: Juan Masiá, "Proponer sin imponer, cuestionar sin condenar" en El País). También hay posiciones próximas en el cristianismo monástico ("Entre els principis y la realidad". Teresa Forcades ) el universitario ("La Actitud Católica Moderada respecto a la Anticoncepción y el Aborto". Daniel C. Maguire) y el intelectual y filosófico ("A Brief, Liberal, Catholic Defense of Abortion", Daniel A Dombrowski. University of Illinois Press, 2000.)

(3) este párrafo puede resultar un poco confuso y se recomienda leer la versión original del inglés. Según entiende el que traduce, se refiere a que los materialistas reconocen la existencia de la consciencia cuando hay actividad en la materia. Esto sería una inferencia y un acto mental subjetivo, ya que no hay pruebas empíricas de que eso o sólo eso sea la consciencia, sino que se están asumiendo los postulados del método científico como sustitutos de una prueba. El método científico es un sistema para la aplicación del conocimiento pero no una explicación sobre la naturaleza del mismo, y así el monje señala este problema filosófico de la naturaleza del conocimiento.

(4) el Canon Pali es la primera recopilación escrita de las enseñanzas budistas. Primero transmitidas oralmente mediante memorización, y después paulatinamiente puestas por escrito y compiladas en su forma actual en el siglo I antes de nuestra era. Lo conforman 3 partes también llamadas "cestas", que agrupan las explicaciones de Buda (Suttas), el código de vida monástico (Vinaya) y un tratado filosofíco y psicológico (Abhidhamma) en donde se pormenorizan detalles y términos. Se considera a los Suttas como primera fuente de autoridad y son lectura preferente.

(5) el Vinaya agrupa más de 200 normas estrictas para la vida de monjes y monjas. Los laicos por su parte observan cinco preceptos. Ver: Aspectos fundamentales del budismo

(6) para un posible interés comparativo, la situación en algunos países de mayoría budista es la que sigue: en Thailandia se admite legalmente el aborto bajo los supuestos de violación, amenaza a la vida de la madre o su salud física (Acta de promulgación del Código Penal, B.E. 2499, 1956, secs. 301–305). En Camboya se permite la solicitud de aborto de la mujer durante las primeras 14 semanas de embarazo, para lo cual el inicio del embarazo se calcula a partir del último periodo menstrual que normalmente es dos semanas antes de la concepción, si bien para dar consistencia a la ley se ha extendido en dos semanas (Kram Real 12/11/1997, art 8.28). En Japón el aborto está ampliamente tolerado legal y socialmente, de lo cual existe mucha literatura al respecto. El budismo japonés ofrece además el caso especial de una ceremonia ritual llamada mizuko kuyo, históricamente creada por mujeres y que sirve de consuelo y reparación emocional para aquellas que así lo solicitan (Liquid Life: Abortion and Buddhism in Japan. William R. LaFleur).




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* Bhikkhu Sujato es monje theravada australiano. Recibió la ordenación en 1994 y es abad del Santi Forest Monastery en Australia y secretario de la Australian Sangha Association.

* Tr. de Budismo.net
Original en inglés: http://www.buddhanet.net/budsas/ebud/ebdha328.htm